Domingo 8 noviembre 2009
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Muchachuelo de brazo cetrino
que vas con tu
cesta,
rebosando naranjas
pulidas
de un caliente color
ambarino;
Muchachuelo que fuiste a
las chacras
y a los árboles rojos
trepaste
como yo me trepaba cuando
era
una libre chicuela
salvaje;
Ven acá muchachuelo; yo
ansío
que me vuelques tu cesta en la
falda
pide el precio más alto que
quieras
¡Ah, qué bueno el olor a
naranjas!
A mi pueblo distante y
tranquilo,
naranjales tan prietos
rodean,
que en agosto semeja de
oro
y en diciembre de
azahares blanquea.
Me críe respirando ese
aroma
y aun parece que corre en
mi sangre.
Naranjitas pequeñas y
verdes
siendo niña, enhebraba en
collares.
Después, lejos llevóme la
vida.
Me he tornado tristona y
pausada.
¡Qué nostalgia tan honda
me oprime
cuando siento el olor a
naranjas!
Si a otro pago muy lejos
del tuyo,
indiecito, algún día te
llevan,
y no eres feliz y
suspiras
por volver a tu vieja
querencia,
y una tarde en un soplo
de viento
el sabor a tus montes te
asalta,
¡ya sabrás, indiecito
asombrado,
lo que es la palabra
“nostalgia”!
Juana de
Ibarbourou (poeta uruguaya)
Por la de magdala
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Publicado en: poemas cotidianos
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